Antes que nada, esto es opinión personal, no hablo en nombre de La chirigota de Nervión.
Esta tarde ha sucedido algo que, lamentablemente, ni me sorprende. Sabía que tarde o temprano iba a ocurrir. Mientras cantaba con mi chirigota, concretamente el popurrí de Los Aparentadores, la policía local (con unas formas muy correctas, todo hay que decirlo) nos ha "invitado" a terminar nuestra tarde de coplas en el centro de Sevilla alegando quejas de los negocios cercanos a donde nos solemos colocar, sin ofrecernos solución alguna. Me extraña que estas quejas vengan después de un año cantando en el mismo sitio, en el cual es difícil imaginar que estorbemos tanto.
Sé que los que conocen a los componentes de la chirigota de Nervión, y yo como autor el primero, pondrían la mano en el fuego por ella si de buen comportamiento y saber estar se tratara. Lamentablemente, y como he podido comprobar esta tarde, aún hay quien sigue viendo el carnaval en Sevilla como cosa de "niñatos que no tienen nada mejor que hacer". Simplemente, no lo entiendo. Esta tarde, anteriormente a nosotros y en el mismo sitio, estaba actuando un grupo de chavales interpretando bailes de cultura anglosajona y americana, de los que no tengo absolutamente nada en contra, con un altavoz con música como medio. Aunque suene demagógico, ¿Por qué a ellos no le dicen nada y a nosotros sí? Parece ser que el carnavalero está mal visto, como de una clase social inferior, una moda de borrachos. El que piense eso, peca de incultura de su propia tierra, donde a principio del siglo XX ya cantaban las murgas por las calles para animar al pueblo.
Pero nada, que los que mandan aquí sigan menospreciando nuestro trabajo, que sigan sin ayudar a promover la bonita iniciativa del carnaval y que sigan matando nuestra propia cultura. La policía nos podrá echar veinte mil veces, pueden llegar a multarnos o intentar censurar nuestra afición, pero den por seguro que mi chirigota va a estar cada finde pasándolo de miedo por las calles de Sevilla, disfrutando de vosotros y haciendo gala de nuestra libertad. ¡Hasta dentro de muy poco!