"Vaya mojonazo la chirigota de Alvarado. Ya era hora que se quedaran en cuartos. A ver si tienen ya una cura de humildad. Esa chirigota está muy sobrevalorada. Esa gente ni sabe de carnaval. No son pesaos con los chistes. Yo no sé qué le ve la gente. Vaya si son malos comparado con Fulano..." Seguro que todo esto os suena y lo habéis escuchado más de una vez. Y es que aquí en Sevilla (no solo en carnaval) nos gusta echar mierda a todo lo bueno que tenemos. Siempre sabemos sacarle defectos a todo y seguramente el refrán de "Ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio" está inspirado en un sevillano. Y es que parece que no tenemos bastante con los cuatro rancios gaditanos (recalco que son cuatro, no todos ni mucho menos) que no hacen más que atrincherarse y atacar lo que venga de Sevilla, sino que encima aquí nos atacamos más todavía entre nosotros, y recuerdo que así se perdió una guerra en el 39.
Si La chirigota de Sevilla, la cual se ha ganado el nombre a mucha honra, lleva algo más flojito de lo habitual algún año, ya aparece el hacha de guerra y, hasta hay quien disfruta con eso. Que me perdonen los muchos amigos que tengo que piensan así, pero eso yo lo defino con una palabra: envidia.
Ahora en Sevilla hay mucho carnavalero prepotente y mucho autor que se cree el Martínez Ares sevillano. Estoy convencido de que jamás una agrupación sevillana conseguirá lo que ha conseguido La chirigota de Sevilla.
Y es que la mayoría se cree que esta chirigota es un grupo de flamenquitos patilleros que se juntaron y ¡pum!, tercer premio del Falla. Si estos petulantes supieran lo que esa chirigota ha pasado para llegar a donde está, a lo mejor se harían una cura de humildad a ellos mismos. Y aunque ya es pasado, este grupo lo llegó a pasar hasta mal en el Falla como las agrupaciones que vemos hoy día y nos compadecemos tanto de ellas porque el público le pierde el respeto. Muy pocos conocen el trabajo de proyección y la dificultad de subir escalones. Estoy seguro que casi el 100% de los lenguaflojas de los que hablo, no tiene el amor suficiente por el carnaval para aguantar y creer en ellos mismos como tuvieron Alvarado, Tuti, Gitano, Moto y compañía, en la época y la situación en la que se creó esta chirigota, cuando el carnaval estaba hasta mal visto en Sevilla. Que nadie piense que les han regalado ser lo que son.
Y ya más actualmente, consiguieron por méritos propios lo que nadie se planteaba: colar un agrupación sevillana en una final. A partir de ahí, curiosamente, empezaron a surgir los carnavaleros sevillanos de los que hablo. No son comparsistas (aunque probaron suerte un año de forma ejemplar), son chirigoteros, y de los buenos. Y es que pocas agrupaciones me hacen reír como hacen ellos o ponerme el vello de punta con los finales cada vez que los escucho.
Para mi gusto personal, una de las mejores chirigotas del último lustro fue el tercer premio de 2011: Los niños cantores de viena o de manolete. Recuerdo ver a mi amigo Justo, el punteao de la chirigota, más ilusionado y nervioso a medida que se acercaba el COAC, y eso es ribete de que llevaban algo gordo, y así fue. Parecía que igualar lo de los miopes era misión imposible, pero no, ahí estaban. La noche que pasaron a la final, yo dormí tranquilo. Son el orgullo del carnaval sevillano, le pese a quien le pese.
Parece que este año tendrán cambios, pero ya han pasado por eso y siempre han sabido mantener el nivel, incluso superarse. A mí personalmente me han demostrado que si son buenos carnavaleros, son mejores personas, siempre me han echado una mano cuando se la he pedido y son los primeros interesados en que el carnaval de Sevilla crezca, por mucho que digan que solo les interesa Cádiz.
Pero que sigan criticándolos, que seguirán estancados viendo desde abajo un nivel utópico para ellos. Yo jamás llegaré a la décima parte de su nivel, pero si estaré apoyándoles y disfrutando de sus logros.
Si no fuera por La chirigota de Sevilla, aquí no habría ni la mitad de carnaval que hay, y eso, es un hecho.
"De Sevilla mire usted, pero vengo a La Tacita porque aquí puedo creer, porque no tengo otro credo, porque no tengo otra fe, que el veneno que me corre por febrero".
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